lunes, 23 de diciembre de 2024

Cuando tu cerebro te sabotea: Cómo recuperar el control en pleno drama emocional

 

Cuando tu cerebro te sabotea: Cómo recuperar el control en pleno drama emocional 

¿Qué es el secuestro emocional? 

Hace un par de días, comprando en el súper, en esa cola infinita que siempre se forma cuando tienes prisa.  De repente, un muchacho delante de mí empieza a discutir con la cajera por unos cupones caducados. Nada serio, una discusión típica de supermercado.

Pero mi cerebro... oh, mi cerebro decidió que ese era el momento perfecto para un golpe de estado emocional. No era la discusión en sí,  era el tono de voz del tipo, ese tono que me transportó instantáneamente a los gritos de mi padre cuando era niño. Y…¡zasca!: corazón a mil, sudores, ganas de salir bronca. En cuestión de segundos, pasé de estar pensando en si se me olvidaba algo de la lista de la compra a estar en modo supervivencia total.

Lo más absurdo es que soy perfectamente consciente de que estoy a salvo. Sé que no hay ningún peligro real. Pero ahí está mi amígdala, esa almendrita gritando ¡SALVESE QUIÉN PUEDA! ¡ESTO YA LO HEMOS VIVIDO! ¡LUCHA O HUYE!

Pues esto es el secuestro emocional en todo su esplendor. Parecido a si tu cerebro racional estuviera tranquilamente llevando el volante de tu vida y, de pronto...Tu cerebro primitivo le hace un “mata león”, lo tira por la ventana y toma el volante mientras grita: ¡TRANQUILO, YO TE SALVARÉ!

Este secuestro, implica que a nivel emocional, ya no eres capaz de controlar la parte racional, de ahí el nombre evidentemente, por lo que nos vemos sumidos en una batalla (perdida) donde la carcajada, el llano o las venas en la frente se adueñan de nosotros/as.

El secuestro emocional no es solo esos momentos dramáticos de ansiedad o pánico. Es mucho más cotidiano y sutil de lo que pensamos. Es cuando te comes toda la bolsa de patatas fritas aunque habías decidido comer sano. Cuando le envías ese mensaje a tu ex a las 3 de la mañana y vas “contentillo/a” y al día siguiente dices, ¿pero qué he hecho? Cuando te quedas paralizado ante una presentación aunque te la sabes de memoria. Cuando te da un “ataque de risa” en el que no puedes parar en mitad de un velatorio porque no te puedes controlar y la gente te mira con cara de “lo mato”.

¿Por qué ocurre esto? Imaginaros esto: En nuestro cerebro básicamente hay tres “demonietes” viviendo juntos:

  1. El Cerebro Reptiliano (o el matón del barrio). Nuestro amiguete que:
    • Solo piensa en sobrevivir
    • Le importa una mierda tu dieta
    • Si ve peligro, actúa primero y pregunta después
    • Es el responsable de que sigas vivo, pero también de la mayoría de tus meteduras de pata
  2. El Sistema Límbico (la Drama-Queen que llevamos dentro):
    • Guarda todos tus traumas de la infancia
    • Es el rey del “por si acaso”
    • Le encanta revivir momentos vergonzosos justo cuando vas a dormir
    • Es el que dice “este tono de voz me suena y no me gusta”
  3. El Neocórtex (el chico/a listo de la clase):
    • Es la voz de la razón
    • Llega siempre tarde a la fiesta
    • Intenta explicar que no hay peligro real
    • Para cuando quiere intervenir, los otros dos ya la han liado

Os pongo otro ejemplo real: el otro día estaba con un grupo (muy majo) de personas en un taller sobre gestión emocional. Un alumno, soltó una barbaridad y una compañera suya se echó a reír sin parar, a carcajada limpia. La risa, contagiosa cuan epidemia, se desplegó entre 3 o 4 personas más. El caso, que no pude continuar la clase hasta 10 minutos después, una vez se tranquilizaron y el Neocórtex recupero los controles de sus máquinas.

Y aquí viene lo interesante: en vez de dejar que mi cerebro reptiliano tomara el control (modo defensa: activado) y me pusiera hecho un basilisco con los alumnos a voces, o que mi sistema límbico me hundiera en un pozo de inseguridades, pude observar todo el proceso en tiempo real. ¿Por qué? Porque llevo años estudiando y trabajando con este tipo de respuestas. Es como ver una película que ya has visto mil veces...Sabes lo que va a pasar, así que adelantas a la escena donde se toman decisiones, y listo.

De esta manera pensé, nada, no te preocupes, déjalos, y en 2 minutos les dices que respiren y asertivamente que o se tranquilizan, o se largan de una patada en el culo, pero…¿para qué me voy a secuestrar yo también? El secuestro emocional no es el enemigo. Es un mecanismo de supervivencia que ha evolucionado durante millones de años. El problema no es que ocurra, es que no sabemos reconocerlo ni gestionarlo.

Por eso te doy alguna técnica que he visto que con el paso del tiempo funcionan para controlar estas situaciones, que muchas veces, por el propio descontrol, nos llevan a otras menos agradables. PD. Estas técnicas realmente funcionan (testadas en mi propia vida y respaldadas por la ciencia):

  • Periodistas de investigación:
    • Observa y describe como si estuvieras narrando un partido
    • “Interesante, mi corazón está acelerado”
    • “Mira, ahí están los pensamientos catastróficos”
    • “Fascinante, mis manos están sudando”
  • LA postura de antropólogo:
    • Busca la causa (casi nunca es lo obvio)
    • Pregúntate: “¿Qué me recuerda esto realmente?”
    • Investiga el patrón: “¿Cuándo más me pasa esto?”
  • El método Dexter (científico loco):
    • Experimenta con diferentes respuestas
    • Toma notas de lo que funciona y lo que no
    • Trata cada secuestro como un experimento

Y una vez lo entiendes, viene la parte más loca de todas: el secuestro emocional tiene un propósito. Es como esas actualizaciones de seguridad que te saltan en el ordenador en el antes de tu exposición de KPI’s y resultados de tu trabajo anual. Molestas pero necesarias. Tu cerebro está intentando protegerte basándose en experiencias pasadas.

La clave no es evitar los secuestros emocionales (es imposible), sino aprender a torearlos. Es como aprender a conducir: al principio dejas el coche que parece un DVD de hace 20 años, pero con práctica ni siquiera piensas en ello, conduces y listo.

Cuanto más intentas evitar el secuestro emocional, más poder le das. Es como esas pesadillas en las que cuanto más corres, más lento vas. La verdadera libertad está en aceptar que tu cerebro a veces va a entrar en modo drama queen, y está bien.

Entre que lo aprendes y no…La próxima vez que tu cerebro entre en modo pánico por algo aparentemente insignificante, recuerda: no estás loco/a, solo tienes un guardaespaldas neurológico demasiado empoderado.

Y tú, ¿cuándo fue la última vez que tu cerebro primitivo tomó el control? ¿Te has pillado hoy mismo en pleno secuestro emocional por algo que, visto desde fuera, parece una tontería?

Relájate, agarra el volante y disfruta del paseo.

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