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sábado, 21 de junio de 2025

Ocio inactivo (el némesis de LinkedIn)

Preparados para los 50° a la sombra y un verano sin tregua, como siempre.




En la playa, el bronceador convive con el portátil, el vermut o mojito, con un webinar de liderazgo aplicado o la última sesión en streaming del Máster, y los pies descalzos con la notificación parpadeando de fondo en tu móvil : “Sé que estás de vacaciones pero...¿Puedes meterte un segundo en la reunión?”. 

LinkedIn dicta la banda sonora del (a)estío: "Nunca pares. Monetiza. Fórmate para tu próximo empleo". 

La escena es tan absurda que resulta trágica: trabajamos horas extra para pagar un viaje que prometía desconexión; una vez allí, enchufamos el Wi-Fi del chiringuito para no “desaprovechar el tirón” y contestar un par de mensajes o correos.

El ocio es un tema recurrente en mi vida personal y laboral. Pero recurrente por su ausencia. Recuerdo como en un curso donde impartía ocio y tiempo libre, hablaba durante semana con estudiantes adultos muy diversos acerca de lo que suponía para el cuerpo y la mente aburrirse, divertirse, pasarlo bien, estar tranquilos...Y en general de la efimeridad de la vida y lo poco que nos paramos a observarla, por trabajar tanto.

Hace dos semanas enterré a una persona que amaba. El tanatorio, pese al aire acondicionado, olía a prisa pospuesta: compañeros que “no pudieron venir” porque había cierre de trimestre, de curso, o de lo que fuera...Amigos enviando mensajes por WhatsApp desde un coworking con vistas a ninguna parte. Y en definitiva, momentos no compartidos con una premisa fundamental en boca de todos, y de mi muchas veces , por desgracia, incluido.

"Estoy trabajando; trabajo esta tarde; trabajo mañana". Trabajo, trabajo, trabajo.

Byung-Chul Han tenía razón. Cuando el látigo cambia de mano, la autoexplotación se vuelve suave, invisible y total. Y la muerte, que debería pararnos en seco, apenas nos aparta unos minutos de la pantalla.

De hecho, el 56 % de los españoles consulta el correo a diario en vacaciones y un 34 % siente culpa si tarda más de tres horas en responder (INSST, 2024). Sólo en Barcelona, hace un par de años, ya se midió con 1 800 jóvenes que cada hora extra de redes en verano eleva un 7 % la percepción de soledad y un 5 % la sintomatología ansiosa (ISGlobal, 2023). No imagino que estaremos viviendo a día de hoy, ya que se multiplica día a día. 

Seguimos deslizando pantallas para no oír el zumbido de nuestro propio vacío.


Las entrañas del frenesí:

Trabajamos más horas para comprar artefactos que maquillen el agotamiento y escapadas que, se supone, lo compensan. Pero mira a ti alrededor , mírate a ti mismo. Cuantas pocas personas de verdad paran en seco y reflexionan este aspecto. ¿Lo haces tú? 

La aceleración social (Hartmut Rosa) convierte la vida en una cinta de correr: cuanto más rápido avanzas, más rápido se aleja la meta. 

Cambiamos tiempo por dinero para intentar recomprarlo al final, cuando el cuerpo ya viene sin garantía. Y entretanto nos perdemos lo único que no se sube a la nube: el olor a alga de una cala a las siete y veinte, la voz temblorosa de un abuelo relatando cómo se enamoró, el silencio pesado de una habitación donde alguien acaba de irse.

Cuántas veces he oído ya lo típico de: Cuando eres joven no tienes dinero para viajar pero tienes la energia; y cuando eres viejo, tienes el dinero, pero ya no queda energía de tanto trabajar.


Por todo esto, te ánimo a lo siguiente, que estos son mis deberes de los Cuadernos Rubio versión "adulto quebrado".

1. Vacío consciente. 20 min sin pantalla. El primer día arde, al sexto anestesia, al treinta cura.

2. Siesta militante. Declarar sagrados 25 min de ojos cerrados.

3. Ritual cotidiano de despedida. Caminar sin auriculares, comer sin scroll, decir te quiero sin emoticono.

4. Trabajo sin huella. Una tarde a la semana sin producción medible: pensar, divagar, unir puntos. Leonardo llamó a esto saper vedere (saber ver).

5. Pedagogía de la muerte. Incorporar la finitud a la escuela, a la empresa, a la sobremesa. Quien sabe que va a morir programa menos sprints.

Perder a alguien duele; reconocerse finito, duele más. Pero en esa grieta entra luz: quizá el ocio inactivo sea la revolución pendiente en la era del frenetismo y el LinkedIn como termostato. Este verano, si me buscas, estaré un rato mirando cómo una nube se deshace sin capturarla. Sin foto, sin ROI, sin objetivos insulsos, y mira, incluso sin dinero. Honrando a quien ya no puede hacerlo y recordando, paradoja hermosa, que parar es la única forma digna de seguir.

Y si, he tardado en publicar de nuevo por tratar de disfrutar de este ocio inactivo. Se predica con el ejemplo.


"El tiempo es un bien finito; matarlo es un suicidio parcial”.

Byung-Chul Han



Bibliografía utilizada:

Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo. (2024). Barómetro de Seguridad y Bienestar Laboral. Madrid: INSST.

ISGlobal. (2023). Uso de redes sociales y soledad en jóvenes españoles. Barcelona: Instituto de Salud Global.

La vida.

jueves, 16 de enero de 2025

¡Estacionando en doble fila en 2025! 🎉

Enero siempre llega cargado de promesas, metas y, cómo no, de anuncios que parecen diseñados para vendernos una idea: “este año sí”. Este año serás más guapo, más delgado, más productivo, más rico, más feliz. Porque resulta, que lo que fuiste en 2024 no era suficiente (¡aunque aquí estás!)

Nos bombardean con imágenes de gimnasios llenos, agendas impecables, vacaciones soñadas y cuerpos perfectos. Pero…como si el calendario de adviento fuese mágico, como si pasar del 31 de diciembre al 1 de enero tuviera el poder de transformarnos en esa versión ideal que nos han vendido.

Me gusta recordar que el 2024 lo sobreviviste porque fuiste tú mismo/a. Con tus luces y sombras, con tus logros y tus errores. Y esa versión, con todo lo que tiene, ya es válida. No necesitas reinventarte porque la sociedad te lo imponga o porque los anuncios te digan que deberías ser más.

Los objetivos que nos venden

Pensemos por un segundo en esos propósitos “típicos” que escuchamos cada año. Ir al gimnasio es uno de los clásicos. Los gimnasios se llenan en enero; se venden más inscripciones en este mes que en ningún otro, pero el 80% de las personas que se inscriben abandonan antes de mayo. ¿Por qué? Porque muchas veces el objetivo no nace de un deseo personal, sino de la presión externa de “encajar”, de cumplir con un estándar de belleza que, en realidad, no nos representa. Pasa lo mismo con la operación “bikini”. Ésta es pues la operación ex-mazapán.

Otro propósito (a)típico es ahorrar más dinero. Suena estupendamente bien, pero en una sociedad que nos induce la idea de que “más es mejor”, ¿Cómo vamos a ahorrar cuando nos pasan por delante el coche nuevo, el móvil último modelo, las vacaciones de ensueño? ¡rebajadas por ser Navidad! No se pueden perder esos chollos.

Nos hemos acostumbrado a vivir en un bucle de consumir y desear más. Pero, ¿y si este año intentamos algo distinto? ¿Y si en lugar de querer más, decidimos necesitar menos?

La lotería de nuestras emociones

Hace poco (por fin), completamos el uróboros de la lotería nacional. Donde cada año, millones de personas compramos boletos porque nos prometen algo más grande que el dinero: nos venden sueños, esperanza, felicidad. Hasta nos emocionamos con esos anuncios que hace ya que no veo. Pero no nos (auto)engañemos, el anuncio siempre está cargado de emociones: familias reunidas, lágrimas de alegría, abrazos que parecen resolverlo todo. Pero, ¿Qué pasa cuando no toca? ¿Qué ocurre con todos esos sueños que no se cumplen? No necesitamos un boleto para soñar, ni un premio para valorar lo que ya tenemos. Si el premio son los sueños, como diría Csíkszentmihályi, el flujo es lo importante. El proceso de soñar en algo mejor compartido junto a los que queremos. No el dinero en sí.

La verdadera trampa no está en “jugar”, sino en creer que nuestra vida solo mejorará si conseguimos algo externo. Y mientras tanto, olvidamos lo importante…Las personas que nos rodean, las experiencias que ya podemos vivir, los momentos que no necesitan nada más que nuestra presencia.

Lo que de verdad necesitamos

En lugar de buscar “más”, ¿qué tal si buscamos “menos”? Menos ruido (mental y rumiante), menos presión, menos expectativas ajenas, menos (auto)exigencias. El 2024 lo viviste con lo que tenías, y lo superaste. Este 2025 no tiene que ser sobre convertirte en alguien distinto, sino sobre reconectar con lo que ya eres y valorar lo que ya tienes.

Pregúntate:

  • ¿Realmente necesito un cuerpo perfecto o simplemente quiero sentirme bien?
  • ¿Quiero ahorrar para acumular más cosas o para liberar mi tiempo y disfrutar de lo que ya tengo?
  • ¿Qué relaciones valoro y cómo puedo cuidarlas mejor?

El verdadero propósito: reconectar (y no en redes sociales)

Ahora te pregunto: ¿a cuántas personas felicitaste este año nuevo? ¿Y cuántas te felicitaron a ti? Seguro que sentiste algo bonito al recibir esos mensajes. Quizás te sorprendió esa persona con la que no hablabas desde hace tiempo. Pero, ¿por qué dejarlo en un mensaje? ¿Por qué no aprovechar este año para reconectar de verdad?

La vida no se mide en logros materiales ni en metas cumplidas. Se mide en los momentos que compartimos, en las risas, en las conversaciones profundas, en esos abrazos que dan sentido a todo. Este año, en lugar de centrarte solo en tus objetivos personales, piensa en cómo puedes fortalecer las relaciones que te rodean.

Queda con esas personas, comparte un café, revive las charlas que tanto extrañas…Muchas veces recordamos a las personas solo cuando ya no están. Y ahí, lo que más duele no es lo que hicimos, sino lo que dejamos de hacer.

El año de volver a lo esencial

Que 2025 no sea el año en el que te presionaste para encajar en un molde. Que sea el año en el que decidiste ser tú mismo. Que sea el año en el que reconectaste con quienes amas, en el que dejaste de buscar fuera lo que siempre estuvo dentro.

💬 Como dijo Oscar Wilde: “Sé tú mismo; los demás ya están ocupados”💬.

Lo realmente importante no es lo que conseguimos, sino con quién lo compartimos.

No necesitas empezar desde cero, porque ya tienes una base increíble: tú. Este 2025, vive más, exige menos, ama siempre. Y cuando mires atrás el próximo diciembre, asegúrate de haber vivido de verdad. 

lunes, 23 de diciembre de 2024

Cuando tu cerebro te sabotea: Cómo recuperar el control en pleno drama emocional

 

Cuando tu cerebro te sabotea: Cómo recuperar el control en pleno drama emocional 

¿Qué es el secuestro emocional? 

Hace un par de días, comprando en el súper, en esa cola infinita que siempre se forma cuando tienes prisa.  De repente, un muchacho delante de mí empieza a discutir con la cajera por unos cupones caducados. Nada serio, una discusión típica de supermercado.

Pero mi cerebro... oh, mi cerebro decidió que ese era el momento perfecto para un golpe de estado emocional. No era la discusión en sí,  era el tono de voz del tipo, ese tono que me transportó instantáneamente a los gritos de mi padre cuando era niño. Y…¡zasca!: corazón a mil, sudores, ganas de salir bronca. En cuestión de segundos, pasé de estar pensando en si se me olvidaba algo de la lista de la compra a estar en modo supervivencia total.

Lo más absurdo es que soy perfectamente consciente de que estoy a salvo. Sé que no hay ningún peligro real. Pero ahí está mi amígdala, esa almendrita gritando ¡SALVESE QUIÉN PUEDA! ¡ESTO YA LO HEMOS VIVIDO! ¡LUCHA O HUYE!

Pues esto es el secuestro emocional en todo su esplendor. Parecido a si tu cerebro racional estuviera tranquilamente llevando el volante de tu vida y, de pronto...Tu cerebro primitivo le hace un “mata león”, lo tira por la ventana y toma el volante mientras grita: ¡TRANQUILO, YO TE SALVARÉ!

Este secuestro, implica que a nivel emocional, ya no eres capaz de controlar la parte racional, de ahí el nombre evidentemente, por lo que nos vemos sumidos en una batalla (perdida) donde la carcajada, el llano o las venas en la frente se adueñan de nosotros/as.

El secuestro emocional no es solo esos momentos dramáticos de ansiedad o pánico. Es mucho más cotidiano y sutil de lo que pensamos. Es cuando te comes toda la bolsa de patatas fritas aunque habías decidido comer sano. Cuando le envías ese mensaje a tu ex a las 3 de la mañana y vas “contentillo/a” y al día siguiente dices, ¿pero qué he hecho? Cuando te quedas paralizado ante una presentación aunque te la sabes de memoria. Cuando te da un “ataque de risa” en el que no puedes parar en mitad de un velatorio porque no te puedes controlar y la gente te mira con cara de “lo mato”.

¿Por qué ocurre esto? Imaginaros esto: En nuestro cerebro básicamente hay tres “demonietes” viviendo juntos:

  1. El Cerebro Reptiliano (o el matón del barrio). Nuestro amiguete que:
    • Solo piensa en sobrevivir
    • Le importa una mierda tu dieta
    • Si ve peligro, actúa primero y pregunta después
    • Es el responsable de que sigas vivo, pero también de la mayoría de tus meteduras de pata
  2. El Sistema Límbico (la Drama-Queen que llevamos dentro):
    • Guarda todos tus traumas de la infancia
    • Es el rey del “por si acaso”
    • Le encanta revivir momentos vergonzosos justo cuando vas a dormir
    • Es el que dice “este tono de voz me suena y no me gusta”
  3. El Neocórtex (el chico/a listo de la clase):
    • Es la voz de la razón
    • Llega siempre tarde a la fiesta
    • Intenta explicar que no hay peligro real
    • Para cuando quiere intervenir, los otros dos ya la han liado

Os pongo otro ejemplo real: el otro día estaba con un grupo (muy majo) de personas en un taller sobre gestión emocional. Un alumno, soltó una barbaridad y una compañera suya se echó a reír sin parar, a carcajada limpia. La risa, contagiosa cuan epidemia, se desplegó entre 3 o 4 personas más. El caso, que no pude continuar la clase hasta 10 minutos después, una vez se tranquilizaron y el Neocórtex recupero los controles de sus máquinas.

Y aquí viene lo interesante: en vez de dejar que mi cerebro reptiliano tomara el control (modo defensa: activado) y me pusiera hecho un basilisco con los alumnos a voces, o que mi sistema límbico me hundiera en un pozo de inseguridades, pude observar todo el proceso en tiempo real. ¿Por qué? Porque llevo años estudiando y trabajando con este tipo de respuestas. Es como ver una película que ya has visto mil veces...Sabes lo que va a pasar, así que adelantas a la escena donde se toman decisiones, y listo.

De esta manera pensé, nada, no te preocupes, déjalos, y en 2 minutos les dices que respiren y asertivamente que o se tranquilizan, o se largan de una patada en el culo, pero…¿para qué me voy a secuestrar yo también? El secuestro emocional no es el enemigo. Es un mecanismo de supervivencia que ha evolucionado durante millones de años. El problema no es que ocurra, es que no sabemos reconocerlo ni gestionarlo.

Por eso te doy alguna técnica que he visto que con el paso del tiempo funcionan para controlar estas situaciones, que muchas veces, por el propio descontrol, nos llevan a otras menos agradables. PD. Estas técnicas realmente funcionan (testadas en mi propia vida y respaldadas por la ciencia):

  • Periodistas de investigación:
    • Observa y describe como si estuvieras narrando un partido
    • “Interesante, mi corazón está acelerado”
    • “Mira, ahí están los pensamientos catastróficos”
    • “Fascinante, mis manos están sudando”
  • LA postura de antropólogo:
    • Busca la causa (casi nunca es lo obvio)
    • Pregúntate: “¿Qué me recuerda esto realmente?”
    • Investiga el patrón: “¿Cuándo más me pasa esto?”
  • El método Dexter (científico loco):
    • Experimenta con diferentes respuestas
    • Toma notas de lo que funciona y lo que no
    • Trata cada secuestro como un experimento

Y una vez lo entiendes, viene la parte más loca de todas: el secuestro emocional tiene un propósito. Es como esas actualizaciones de seguridad que te saltan en el ordenador en el antes de tu exposición de KPI’s y resultados de tu trabajo anual. Molestas pero necesarias. Tu cerebro está intentando protegerte basándose en experiencias pasadas.

La clave no es evitar los secuestros emocionales (es imposible), sino aprender a torearlos. Es como aprender a conducir: al principio dejas el coche que parece un DVD de hace 20 años, pero con práctica ni siquiera piensas en ello, conduces y listo.

Cuanto más intentas evitar el secuestro emocional, más poder le das. Es como esas pesadillas en las que cuanto más corres, más lento vas. La verdadera libertad está en aceptar que tu cerebro a veces va a entrar en modo drama queen, y está bien.

Entre que lo aprendes y no…La próxima vez que tu cerebro entre en modo pánico por algo aparentemente insignificante, recuerda: no estás loco/a, solo tienes un guardaespaldas neurológico demasiado empoderado.

Y tú, ¿cuándo fue la última vez que tu cerebro primitivo tomó el control? ¿Te has pillado hoy mismo en pleno secuestro emocional por algo que, visto desde fuera, parece una tontería?

Relájate, agarra el volante y disfruta del paseo.

domingo, 8 de diciembre de 2024

 

Procrastinación: Tu cerebro prefiere "Instagram" que cumplir tus sueños (y hay una razón)

Mírame, son las 19:37, de un domingo y aquí estoy, escribiendo esta entrada, que podría haber terminado hace horas. ¿Qué he estado haciendo? Pues lo típico: 45 minutos en Instagram (que se han convertido en dos horas), media hora de TikTok "solo para desconectar", y un rato indefinido perdido en el scroll infinito de Twitter/X o como narices se llame ahora.

Pasamos una media de 2 horas y 31 minutos al día en redes sociales (DataReportal, 2024). ¡2 horas y 31 minutos! Eso son casi 38 días al año viendo (en su mayoría) estupideces sin rumbo. Tiempo suficiente para aprender un idioma, escribir un libro, o simplemente tumbarte en el césped a mirar las nubes como propondría Byung-Chul Han en su "Vida Contemplativa", ese ocio inactivo tan necesario.


Lo curioso es que no es (solo) culpa nuestra. Nuestro cerebro está literalmente programado para preferir este tipo de gratificación instantánea, y estas plataformas diseñadas para atraparlo. Las Redes Sociales son la tormenta perfecta para nuestro sistema de recompensa dopaminérgico: pequeñas dosis de placer inmediato, sin esfuerzo, disponibles 24/7. El camello de barrio abierto todo el año, sin cierre y para toda la familia.

Pero verás...No es solo el tiempo que perdemos en redes. Es ese espacio extraño entre "debería estar haciendo algo productivo" y "solo cinco minutos más de no hacer nada". Ese limbo donde no estás ni descansando de verdad ni siendo productivo. Es como estar en una sala de espera existencial donde el tiempo simplemente... se esfuma.

Eso si, no todo tiempo "perdido" es tiempo desperdiciado. Byung-Chul Han tiene razón cuando defiende la importancia del ocio contemplativo. Necesitamos momentos de pausa, de reflexión, de simplemente existir sin propósito. El problema surge cuando ese tiempo "muerto" se convierte en una excusa, en una forma de escape que luego nos genera más ansiedad.

"Es que no tengo tiempo para nada", lloriqueamos, mientras acumulamos horas de scroll infinito como quien colecciona sellos. El cerebro procesa unas 34 gigabytes de información al día, gran parte de ella completamente irrelevante para nuestros objetivos vitales.

¿Y sabes qué es lo más irónico? Que cuanto más culpables nos sentimos por procrastinar, más procrastinamos. Es un círculo vicioso neurológico. La culpa activa nuestro sistema de estrés, y ¿qué hace nuestro cerebro cuando está estresado? Busca confort. ¿Y qué es más reconfortante que perderse en el scroll infinito de videos de gatitos?

Pero hay esperanza. De hecho, entender este mecanismo es  el primer paso para hackearlo. Aquí van algunas estrategias que realmente funcionan:

  1. La técnica del tiempo consciente: Antes de sumergirte en el subi-baja de videos infinito, pon un temporizador. No para limitarte, sino para ser consciente. A veces, solo ser consciente del tiempo que pasa es suficiente para romper el trance.
  2. Zonas libres de dopamina digital: Designa espacios en tu casa donde el móvil no entra. El cerebro se adapta rápidamente a estas nuevas reglas y comienza a asociar ciertos espacios con diferentes actividades.
  3. El "ocio activo": Si vas a procrastinar, hazlo bien. En lugar de estas banales g*lipolleces, escoge actividades que realmente te recarguen. Sí, mirar las nubes cuenta. Leer por placer cuenta. Dar un paseo cuenta. De hecho, pasar tiempo con los tuyos y contigo mismo...es lo que más cuenta.


Lo más revolucionario que he aprendido en esta corta vida es que la procrastinación no es el enemigo. Es un mensaje. Tu cerebro te está diciendo algo. Quizás necesitas descanso de verdad, no ese pseudodescanso digital que te deja más vacío que antes.

Cuando te encuentres en ese bucle de procrastinación-culpa-más procrastinación, párate un momento. Respira. Pregúntate: ¿Esto es descanso real o solo estoy evitando algo? ¿Necesito un parón genuino o estoy escapando de algo?

Y si decides que necesitas ese "kit-kat", tómatelo. Sin culpa. Sin el móvil en la mano. Solo tú y el momento presente. Porque a veces, el tiempo "perdido" contemplando las nubes, mirando la obra o a las palomas es el mejor invertido de todo el día.



¿Te has parado a pensar cuánto tiempo "pierdes" realmente cada día? No para sentirte culpable, sino para ser consciente. Porque la conciencia es el primer paso para el cambio.

En la próxima entrada hablaremos sobre cómo esa adicción a la dopamina digital está cambiando literalmente la estructura de nuestro cerebro. Y créeme, es más fascinante (y aterrador) de lo que piensas.

sábado, 7 de diciembre de 2024

 "Es que todo esto deberían enseñarlo en la escuela".

Dando una clase como docente en un curso de formación profesional, una compañera soltó ésta frase, la cual resonó en la sala como un trueno en pleno verano. Acababa de explicar cómo funciona el sistema límbico durante un taller de gestión emocional, como todo venía porque como monos en las cuevas necesitabamos estar alerta por si "nos atacaban" y de una...aquí estamos, "desarrollados, (in)evolucionados, y con el mismo estrés que si un león viviera debajo de nuestras camas. Y esta alumna, ojiplática, soltó esa verdad que me persigue desde hace unos días y que me lanza a este escenario, el cual llevo tiempo planteando..

Imagina que te hubieran explicado en el colegio por qué tu cerebro a veces parece tu mejor aliado y otras tu peor enemigo. Por qué hay días en los que te sientes capaz de comerte el mundo y otros en los que apenas puedes salir de la cama. Por qué recordamos perfectamente esa cosa vergonzosa que hicimos hace diez años, pero olvidamos dónde dejamos las llaves hace cinco minutos.

Como educador social, he visto demasiadas veces cómo la gente se machaca por no entender sus propios procesos mentales y emocionales. Nos enseñan la fotosíntesis de las plantas, pero nadie nos explica por qué nos bloqueamos ante un examen. Sabemos más sobre la composición de las estrellas que sobre cómo gestionar nuestra ansiedad.

Mira, voy a ser sincero: estoy hasta el capirote de ver cómo la neurociencia más útil se queda atrapada en "papers" que nadie lee y que sólo buscan citaciones varias; mientras en redes sociales triunfan consejos sacados de una galleta de la suerte y de superhéroes con menos tablas que Indiana Jones en una Rave. De ver cómo la gente sufre intentando "controlar" sus emociones, cuando ni siquiera entienden cómo funciona su propio sistema emocional.

Y no, no soy un gurú del mindfulness, ni un coach con promesas mágicas. Soy un educador social que lleva años trabajando con personas reales, en situaciones reales, enfrentando problemas reales. He visto cómo brilla la mirada de alguien cuando por fin entiende que su cerebro no está estropeado, sino que solo está haciendo exactamente aquello para lo que está programado.

¿Sabías que tu amígdala cerebral no distingue entre un león que te persigue y un email pasivo-agresivo de tu jefe? ¿O que tu hipocampo puede estar saboteando tus intentos de cambio solo porque está intentando mantenerte a salvo? ¿O que esos pensamientos intrusivos que tanto te preocupan son tan normales como tener hambre o sueño?

Este blog nace de la frustración. Frustración de ver cómo la gente se tortura por no entender procesos que son completamente normales. Frustración de ver cómo el conocimiento más valioso sobre nuestro funcionamiento mental se queda encerrado en torres de marfil académicas. Y sobre todo, frustración de saber que podríamos ahorrarnos tanto sufrimiento si alguien nos hubiera explicado cómo funciona nuestra propia mente.

Aquí vamos a hacer algo diferente y abstracto. Vamos a indagar en los misterios de tu cerebro, sin palabros técnicos innecesarios. Vamos a entender por qué tus emociones a veces parecen una montaña rusa, y por qué eso es perfectamente normal. Vamos a aprender a trabajar con tu mente, no contra ella.

Pero quedas avisado/a: esto no es otro blog de autoayuda con soluciones mágicas. Aquí veremos ciencia seria traducida a lenguaje humano (no-máquina). Experiencias reales de personas como tú (y yo). Y sobre todo, herramientas prácticas que puedes empezar a usar hoy mismo. Si te da por ahí, claro.

¿Listo para entender por qué eres como eres? ¿Para descubrir que esos "defectos" tuyos son en realidad mecanismos de supervivencia que hicieron un trabajo demasiado bueno? ¿Para aprender a hackear tu propio sistema operativo mental?

Ponte cómodo/a. Por que puede que este sea un viaje fascinante (o no) al centro de tu mente.

De momento, gracias por venir. Por que como todo inicio, con leer estas palabras...ya está cambiando algo. 

Bienvenido/a

Ocio inactivo (el némesis de LinkedIn)

Preparados para los 50° a la sombra y un verano sin tregua, como siempre. En la playa, el bronceador convive con el portátil, el vermut o mo...